Soledad (Parte I)
Hay incendios que no nacen del fuego. Nacen mucho antes. En una idea que alguien deja pudriéndose demasiado tiempo. En una obsesión alimentada en silencio. En una puerta mal cerrada a las tres de la mañana, cuando nadie mira y la ciudad todavía no decide si está dormida o simplemente cansada. La noticia salió por la radio de la U, cerca del mediodía, escondida entre el informe del tránsito y el pronóstico de lluvia para la noche. Un edificio abandonado en Hualpén había sufrido un principio de incendio durante la madrugada. No había víctimas. No había detenidos. La versión oficial hablaba de vagabundos, cables viejos y mala suerte. Mentiras pequeñas para tranquilizar gente pequeña. El locutor leyó la noticia con esa voz plana de quien ya recibió instrucciones antes de entrar al aire. Pero incluso así había algo raro debajo. Una pausa demasiado larga. Una palabra corregida sobre la marcha. Ese tono incómodo que aparece cuando alguien intenta reducir una historia más grande para que quepa...